miércoles, 7 de enero de 2015

SIBARIS: Lacón, montaditos y licor de piña.

El verdadero encanto del vermut del domingo reside en las sutiles diferencias que cada semana se suceden.

Cada domingo tiro de cerveza fría, o de un vermutillo negro, pero no siempre picoteo lo mismo.
Y si bien es cierto que el clásico vermut implica casi obligatoriamente unos berberechos y unas patatitas fritas de bolsa, los extras marcan la diferencia.


El primer domingo del año, el punto de partida del vermut fue Plaza Ibiza, uno de mis rincones favoritos de la ciudad. Pero como últimamente digo, de los vermuts solo sabes a la que hora empiezan!

Así que por una serie de factores sociales decidimos explorar nuevos territorios y fuimos a Llucmajor a vermutear.
Íbamos a piñón fijo. Nos habían dicho que el bar Sibaris, en Llucmajor, Nou Barris, era una buena opción.



Alicatado blanco, mesas de mármol y patas de hierro forjado, una barra con 4 taburetes y de fondo, una colección más que decente de conservas del Espinaler
Yo que tengo ese regusto tan kitsch para según qué, me enamoré un poquito del sitio.

Total, que el local ya tenía ese encanto propio que se le exige a un bar al que has tardado un ratazo en llegar. Y yo ya estaba contenta!

Con un estupendo combinado de conservas con berberechos, almejas, calamar en rodajas y anchoas en aceite de oliva, se abrió la veda.
Luego, ya situados todos, descubrimos que había montaditos muy finos, fríos y calientes, clásicos y súper innovadores, que llevaban materias primas tan deliciosas como morcillica, huevito frito o incluso foie!


Me hacen mucha gracia esos momentos en los que llega a comida a la mesa. Ese pequeño silencio de escrutinio, ansia y hambre feroz que hace que el primer platillo siempre vuele en décimas de segundo!

Eso sí, para mi sin duda, lo mejor fue el lacón. No sé si fueron 2 o 3 raciones lo que llegamos a pedir porque la magra era preciosamente rosada, su aroma suave y ligeramente salado, y en el paladar, era un placer de dioses!!!


Debimos hacer un buen gasto (o simplemente el dueño es un encanto y yo demasiado catalana) porque nos invito a una ronda de orujos. Una servidora, los domingos intenta no excederse y opté por un licor de piña casero que el propietario me recomendó y que sin duda será la excusa que utilizaré para volver al Sibaris, a encontrarme con ese lacón, ese licor  que era puro néctar y ese aspecto tan demodé que da "caliu" y que un poquito, enamora!

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